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Chaves Y Mercosul

Editorial I Venezuela y el Mercosur Miércoles 11 de julio de 2007 | Publicado en la Edición impresa


A poco más de un año de la incorporación de Venezuela en el Mercosur, la impronta política que pretendió adquirir el bloque con ella descarriló en la retórica grandilocuente, pero vacía de contenido, del presidente Hugo Chávez, más interesado en imponer su posición ideológica que en abocarse a facilitar la integración regional; solucionar las asimetrías que denuncian Uruguay y Paraguay, y tender a una mayor inserción internacional.

En lugar de asumir su papel de nuevo miembro, aún no confirmado por los parlamentos de Brasil y Paraguay, Chávez quiso tener la voz cantante del Mercosur con un discurso que, en verdad, dista mucho de las posiciones políticas de sus pares y del afán de crear en la región un espacio económico y político a imagen y semejanza de la Unión Europea.

Como espacio de integración económico, el Mercosur es, hasta ahora, una promesa incumplida, como pudo serlo, en su momento, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), creada en 1960 y frustrada tiempo después por su fracaso en materia de aranceles.

Como espacio de integración político, el Mercosur no ha colmado las expectativas de sus propios miembros, sobre todo desde que Chávez, acaso por sus dotes de showman o por sus ingresos petroleros, procuró asumir el liderazgo y marcar el pulso con sus consabidas consignas contra el capitalismo y el gobierno de los Estados Unidos.

Es dudoso, en realidad, el interés de Chávez en el Mercosur. Su ausencia en la última cumbre, realizada en Asunción en coincidencia con la gira que emprendió por Rusia, Irán y Belarús, demostró que no se siente obligado a participar de ese tipo de encuentros y que, asimismo, hasta se puede permitir una discusión pública con el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, por el rechazo del Senado de ese país a la no renovación de la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV), cerrada desde el 27 de mayo último.

En rigor, el Mercosur fue concebido como un gran espacio económico regional dentro del cual el objetivo inicial era alcanzar, con un arancel externo común, la libertad de circulación de bienes, personas y capitales. Desde entonces, la idea fue unificar en forma progresiva la política y la acción en todas las cuestiones que guardaran relación con la integración económica, de modo de profundizarla y perfeccionarla.

Hoy, el Mercosur es poco más que un foro de conversación y presión para asuntos que deberían resolverse en forma bilateral, como el conflicto de las pasteras entre la Argentina y Uruguay o, en nuestro caso, la grave crisis energética que padecemos.

El gobierno de Néstor Kirchner invitó a Venezuela a que se incorporara al bloque como miembro pleno, lo que requiere el proceso de la adaptación normativa y regulatoria del caso y necesita la ratificación de los parlamentos de los Estados miembros.

La demora en ese proceso, cual reflejo de la división de poderes ausente en Venezuela, hizo perder los estribos a Chávez. Por esa razón, si no por haber reprobado su actitud con RCTV, insultó a los legisladores de Brasil. Los tildó de "loros" por repetir, según él, las instrucciones de los Estados Unidos.

Tamaño despropósito, sin antecedente en la región, generó la reacción natural de un país que respeta a los demás y se respeta a sí mismo, y un pedido formal de disculpas, rechazado por Chávez.

Más que inaceptable, la conducta de Chávez parece ser incorregible. Aquella impronta política que pretendía incorporar el Mercosur encontró en él un factor de desunión entre los miembros, ya divididos por los reclamos frecuentes de Uruguay y Paraguay por las asimetrías, así como por las pugnas bilaterales entre la mayoría de ellos.

Los parlamentos de Brasil y Paraguay, que aún no han aprobado la incorporación de Venezuela en el Mercosur, harían bien en no precipitarse, en meditar los costos y el beneficio, si lo hay, de dar una señal más política que constructiva. Muchos se preguntan quién es el verdadero interlocutor del bloque: aquel que grita más alto o aquel que, como Lula, procura rendir tributo al don de paciencia.

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